Fernando Maldonado

Coaching en familia con caballos un experiencia muy aconsejable. Como coach me parece un valor añadido para nuestras sesiones y una experiencia de exploración muy interesante para nuestros clientes, como padre me parece una forma ideal de que mi hijo se enseñe a si mismo cosas que yo no soy capaz de explicarle y como persona es una experiencia que me toca el alma. Muchas gracias a Eva y Susana por un trabajo bien hecho.

Guillermo Maldonado

ESTABLECIENDO VÍNCULOS CON LOS CABALLOS

Por Guille: La experiencia estuvo muy bien.

Todo empezó cuando visitamos la finca donde trabajan Eva y Susana coaching con caballos. Empezamos con un calentamiento respiratorio y después fuimos a ver los caballos. Nos enseñaron todos y fuimos a la “guardería de ponis” (no me acuerdo si había también caballos o yeguas). Dijeron que con los de la guardería no trabajaríamos, pero con los demás sí. También dijeron que eligiéramos caballo y que alimentáramos, limpiáramos y cuidáramos. Yo elegí a Tosca, una Yegua que le falta un ojo, pero no la desprecié por no tener un ojo. Nos pusimos manos a la obra. Yo la limpié y para ponerle el autoestima alta y para que confiara en mí, abracé su suave pelaje. Después nos los llevamos a un lugar con obstáculos (a mí lo que más me gustaba era manejar a los caballos) dijeron que uno era el cerebro y otros las extremidades y que el cerebro daba las instrucciones y que las extremidades no podían hablar, obedecían y movían al caballo. Yo empecé siendo extremidad (para manejar al caballo) luego terminamos y jugamos a otro juego. Iba de que había que hacer un rectángulo en la arena y guiar al caballo (no se podía hablar) y meterlo en el rectángulo 10 segundos ¡y sin tocarle! Yo dije que hiciéramos un cebo y dijeron que vale, y eso es lo que hicimos, le tendimos un cebo y funcionó. Luego lo hicimos tocando a Tosca pero sin cebo y lo conseguimos después de gran esfuerzo. Ya oscurecía y les di de comer a todos los caballos menos a los de la guardería. ¡ME LO PASÉ MUY BIEN!
Lo que he aprendido es que por que alguien se haya roto algo o le falte algo del cuerpo no hay que despreciarlo. Por ejemplo: Estoy en el recreo y un niño con una escayola pregunta ¿puedo jugar? No hay que despreciarlo por tener escayola.

Guille

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