Protones, neutrones, electrones, integraos!  es un comando (anclaje) que hemos aprendido este fin de semana, para experimentar la existencia de otra manera. Y hasta aquí todo puede sonar a chino, pero tiene mucho sentido en cuanto os contemos que venimos de hacer un curso de trabajo energético e intuición con  Silvia Alonso Lamberti Instructora del método Yuen. Una formación muy enriquecedora que queremos aplicar, esta vez y gracias a los descubrimientos, de forma consciente en nuestro trabajo de coaching con caballos.

Una de la reflexiones que nos hizo pensar mucho, fueron las triadas, como por ejemplo Mente/cuerpo/espíritu o pensamiento/emoción/ acción… se trata de campos semánticos de información.

De la que hoy queremos hablar en esta entrada de blog, es de la triada o mapa: protones/neutrones /electrones. Queremos hablar de este triángulo porque resulta sorprendente la falta de integración del neutrón en nuestras vidas.

Lo curioso es que este mapa existe en nuestro cuerpo y en todo nuestro entorno y sin embargo en nuestro sentir y pensar rara vez reproducimos este mapa. Hemos descubierto que nos sentimos más cómodas en lo binario: Lo bueno o malo. Esto que me ocurre es bueno o es malo?  Menganito hace esto muy mal. Yo soy buena en y mala en…  Pero, ¿ y lo neutro? no está. Al observador, que llaman algunos, que enriquece nuestra estructura binaria de pensamiento no le damos espacio.

Nos ha gustado mucho dar lugar y espacio al neutrón, ese que observa, ese otro lugar desde donde las cosas son y sólo son, sin ninguna carga positiva o negativa.

Además fijaos que maravilloso paralelismo, que esta metaposición es el lugar preferido de un buen coach y también de un buen mediador.

De los caballos aprendemos mucho porque ellos observan y se recolocan dentro de la manada sin juzgar.

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Tras el curso llegó a nuestras manos este relato Sufí que pasamos a contaros

Buena suerte o mala suerte

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.
El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle: -Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:

Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:
-No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:

Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
 
Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.
El hombre, otra vez lo miró y dijo:

Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?

Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:
-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!
Otra vez el hombre lo miró diciendo:

Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?